miércoles, 22 de octubre de 2008

Entre el decidir y el no decidir

Decidir, no decidir… Si no decido porque no decido y si decido porque decido, el caso es no estar conforme cuando cada día tomo decisiones sin darme cuenta de ello ¿Hoy que como? ¿Carne o verdura? Sólo que hay decisiones y DECISIONES y las que van en mayúsculas son más grandes, de las que te hacen tener dolor de cabeza y levantarte y seguir teniéndolo, pues así.
Y cuando hay que decidir sólo puedo pensar que una vez tomada la decisión no voy ni a echarme para atrás ni arrepentirme, nunca se sabe si uno va a acertar o no pero también está bien tener algún salto en caída libre en la vida aunque algunos duren más de lo uno querría. En fin, ¿decidir o no decidir?

lunes, 9 de junio de 2008

Sigue la lluvía

¡Sigue la lluvía! Creía que nunca lo diría pero estoy un poco cansada de tanto agua y sí, que ya sé que es necesaria y que luego vendrán las largas temporadas de sequía en las que miraremos todos al cielo, haremos procesiones y se pedirá que llueva y llueva a gritos pero a día de hoy, 40 de mayo exactamente, yo ya tengo ganas de tener calorcito y poder salir en chanclas a dar paseos cuando anochezca y sacar el abanico en el metro y ponerme las gafas de sol sentada en una terracita y poder ir al campo a comerse una paella bajo la sombra de los árboles o acompañar a mi hermano a pescar los fines de semana y poder ir a la playa unos días a tumbarme en la arena y cansarme pronto de tomar el sol… hacer cosas de verano.

jueves, 8 de mayo de 2008

Primavera primavera

Estamos en plena primavera y como tal, tenemos días buenos y días no tan buenos. Y yo también tengo días así, supongo que estoy a merced del tiempo que me pone un poco la cabeza al revés con tanto cambio. De lo que si aprovecho es de la euforia que es capaz de provocarme y de dejar aparcada a un lado la pereza, de terminar de una vez por todas con la hibernación y lanzarme a la calle a hacer cosas sin parar, hasta que se haga de noche y haya disfrutado plenamente de un largo día.

miércoles, 16 de abril de 2008

Síndrome Premenstrual

Digamos que es aquel síndrome que afecta a las mujeres de edad fértil en los días previos al ciclo menstrual provocando alteraciones de carácter que suelen no pasar desapercibidas.

Y sí, yo hoy tengo el síndrome premenstrual. Trato de no darlo demasiada importancia y que no afecte mi actividad del día a día pero es complicado porque lo notas, lo sientes, está ahí y no sabes cómo hacerlo frente porque de repente radias alegría y al minuto siguientes tienes ganas de linchar a alguien sólo porque te ha dicho algo que hoy, precisamente hoy, no es el día apropiado. Así de radical y de contundente.

Y de pronto llegas a casa y te dan ganas de ponerte a llorar aunque tampoco tienes muy claro por qué si has tenido un día de lo más normal y además, empieza la primavera, hace calorcito y no te falta de nada. Pero te apetece llorar… y estás hinchada como un globo y te duelen los riñones y piensas ¿cómo he podido aguantar todos estos años con este suplicio cada mes? Y lo que es peor, todo lo que me queda,… me tomo un Ibuprofeno por necesidad porque hay algo bajo tu estómago que te revuelve las tripas sin miramiento alguno y ya no sabes cómo aguantar el tipo así que después te vas a la cama a retorcerte e intentar quedarte en una única posición, aquella en la que los dolores sean menores y por lo menos puedas pensar en algo más que en este maldito día.

jueves, 3 de abril de 2008

La Illa

La Illa de Ons fue durante cinco años mi destino preferido de vacaciones. Luego en los dos últimos veraneos me decidí a explorar otros lugares hasta esta Semana Santa que me propusieron volver allí. En un principio pensé que no, luego dudé y pensé que sí, luego me lo volví a plantear por el mal tiempo que se avecinaba para toda la península en aquellos días y luego animada por los demás me decidí a regresar. Con bastante pereza y a un ritmo estresante a la vez, curiosa coincidencia, me puse a preparar y seguidamente supervisar todo lo necesario para una acampada lo mejor posible y es que si los años no pasan en balde como bien se dice, también es verdad que cada vez nos hacemos más cómodos y procuramos que las cosas salgan lo mejor posible. Así que dejando a un lado los pormenores que siempre reiterando, son menores, me puse manos a la obra en mirar si tenía suficientes piquetas, airear el saco, pilas para la linterna, chubasquero, preparar algo de comida, billetes de bus, etc, etc, etc. Y una vez allí se me pasaron las prisas, olvide el ruido, la contaminación, el trabajo, la tele, el asfalto,… la civilización, dicho en una palabra. Y me sumergí de lleno en los paseítos por la Illa, en pasar tiempo en playas de arena blanca y mar azul, con la única compañía de las gaviotas que majestuosas, descendían para beber o para aposentarse en las rocas cercanas a la orilla. El ruido del mar era el único entonces el que me acompañaba y yo me dejaba mecer por el vaivén de las olas del atlántico.

Las noches en el Checho siguen siendo mágicas. Nos acomodamos en largos bancos de madera que a mí siempre me recuerdan a los de la iglesia junto a las también largas mesas de madera y allí nos sentamos todos, da igual si mezclados con amigos o resto de campistas, allí todo es de todos. Y acompañados de una buena Estrella Galicia, licor café o ron la música de la gaita, unas veces sola y otras junto a otros instrumentos, hacen sonar melodías junto al puerto de Ons. Como tampoco hay hora ni tenemos prisa en subir a dormir la noche continúa acompañada de risas, bailes y melancolía. Porque si esta Isla da mucho una de las cosas que más da es la melancolía a todos los que un día la pisaron y a no dejarse olvidar tan fácilmente.


martes, 4 de marzo de 2008

Pisadas Vacilantes

Tus pisadas están en hojas secas
que los primeros fríos arrancaron.
Como ayer y anteayer
las oigo e ignoro.

En la oscuridad,
junto a mi ventana,
hay pisadas silenciosas
que cada noche se alejan
sin tocarla, convertidas
luego en borroso recuerdo
de primera hora de la mañana.
En nítido a última,
cuando ellas se prestan vacilantes
a mi pronto olvido.

viernes, 22 de febrero de 2008

yo confieso

Debo confesar que estoy enganchada. Totalmente enganchada, no puedo evitarlo y cada tarde si no tengo nada que hacer y estoy en casa tranquilamente siempre me asalta la idea de … ¿y si hecho un sudoku? Porque estoy enganchada a los sudokus. Y ahí me tienen, rellenando numeritos, a ver cuál me falta aquí, si el 5 está aquí sólo puede estar en esta otra casilla, ahí, no puede ser que en esta línea ya hay dos 8,...
Me he puesto una dosis diaria de cinco sudokus máximo que si no esto termina por hacerse grande y grande y hay que tener una medida de las cosas, ni mucho ni poco, ni en exceso ni en defecto, a ver si luego los voy a aborrecer y no quiero que a mí el sudoku me gusta mucho.

martes, 19 de febrero de 2008

Hace mucho que no escribo. La vida me ha tenido ocupada enredándome.

Últimamente ha dejado de salir el sol y volvemos al invierno que realmente y aunque no lo creamos es la estación del año en la que estamos. Y aprovecho el gris de estos días para ir al cine. La del domingo pasado, recién estrenada, fue la última de Tim Burton que nos vuelve a recordar que ha sido y sigue siendo un genio dentro del séptimo arte (y seguirá siéndolo).

Teñida completamente por maquillajes y escenarios oscuros, personajes de pelo cardado y de muchas canciones narra la historia de una venganza que lo único que conlleva a su vez es más venganza. El mejor final que puede tener aunque de primeras me decepcionara un poco.

Como siempre, fascinante.

miércoles, 26 de diciembre de 2007

Navidad

En estos días de fiestas con el invierno recién inaugurado, de opulentas cenas familiares acompañadas de suculentos manjares, de alegría y buenas intenciones para con todo el mundo, de celebraciones con champán por un nuevo año mejor, todo sin descuidar claro está ese consumismo que en estas fechas suele dispararse por parte de todos, yo recuerdo aquellas otras navidades blancas de años atrás con chimeneas humeantes bajo un cielo blanco a juego con las casitas bajas de mi pueblo; del típico aguinaldo con niños y panderetas cantando villancicos, de belenes de siempre con las figuras de siempre, de la ilusión con la que se duerme la noche del 6 de enero,… en fin, de otras cosas.

viernes, 21 de diciembre de 2007

Hoy poemas

Un par de poemas de la cosecha de este año
que está a punto de finalizar, ¡brindemos porque en el 2008
haya más!

hOy

Agacho la cabeza y miro para otro lado.
Hoy no estoy para complicaciones.
Hoy va a ser un día para dedicarme,
en homenaje a mí y a todo aquello
que hace que me levante con fuerzas
las mañanas frías del invierno.

Hoy cerraré los ojos a lo que no quiero,
a aquello de lo que no sacaré partido,
a lo que es capaz de alterar mi realidad
tan cuidada y organizada siempre
y bloquee mi cabecita que en ocasiones
da más importancia de la que debe.

Hoy será un día que teñiré de verde esperanza,
color que me favorece y me trae suerte.
Será un día verde y veré las cosas verdes.
No voy a dejar de agachar la cabeza
y volver a levantarla al igual que cada día
salgo de casa a buscarme la vida,
sea queriendo o sin querer.

Hoy valoraré lo que tengo, que no es poco,
y no lo que aspiro a tener,
agarraré con fuerza todo lo que amarré
y que trabajo costó en su día,
hoy tendré todo aquello que tengo
y que a diario no recuerdo…


CiUdAd

Desde la cima de mi montaña,
a diez mil pasos de toda humanidad,
tengo el resplandor de la ciudad
en la que vivo a día a día
y que ahí está, llena de lucecitas,
rodeada por la más absoluta oscuridad,
chiquita, ¡si hasta vulnerable parece cuando,
qué paradoja, estando en ella me absorbe,
se crece y me cubre aún sin que quiera!

Aislada de todo lo que la envuelve,
de todo lo que a su vez suele envolverme,
me siento cruzada de piernas ante ella
y la contemplo embelesada
aspirando el humo de mi cigarrillo
que dejo que escape entre mis labios,
y que entorpece mi visión de urbe
con un toque de aspecto nebuloso,
blancuzco, más espeso o menos,
que me encandila siempre.

Las mil historias que abajo se suceden,
ahora, mañana, infinitamente,
aquí arriba ni se ven ni se oyen ni se sienten;
la ciudad las guarda como tesoros
dentro de sus fronteras infranqueables
mientras yo quedo fuera de ellas,
en un segundo plano,
con mi cigarrillo casi ya consumido
y mi montaña particular.